jueves, 1 de enero de 2009

(Des)Propósitos de año nuevo.

No lo puedo evitar, y he de confesar que tengo una vena voyeur que me puede más que el sentido común. Es esta la que ayer me llevó a salir de casa después de las 12 uvas, con unos cuantos amigos y con la sana intención de brindar con una copa de cava por el año que se termina. Siempre brindo por el que se termina, porque creo que el que empieza no se lo ha ganado.
En fin, divagaciones aparte, todas las señales que recibía eran motivos para quedarme en casa y no mezclarme con el gentío en la que considero una de las noches más despreciables del año. Es una noche horrenda en la que los jóvenes se enfundan cualquier traje barato y lo combinan, mal que bien, con una camisa cuyo único propósito es servir de fondo para una corbata ancha, de colores chillones, y en el peor de los casos, con algún mensaje simpático con connotaciones explícitamente sexuales.
Las mujeres tampoco van mucho mejor vestidas, desde las que se decantan por modelos más apropiados para ir a la boda de algún príncipe regente, a las que deciden ser campechanas y enfundarse unos modelos que algunos llamarían casual, tres tallas por debajo de lo necesario. En cualquier caso, donde se llevan la palma es en el asunto de los tacones.
Una mujer que no sabe llevar tacones no debería ponerselos sin haber practicado unas cuantas semanas por el pasillo de su casa. El problema es que ahora las niñas de 17 años necesitan salir con más pintura encima que un Jackson Pollock, llevar vestidos palabra de honor y tacones altos, lo cual provoca el mismo desequilibrio en sus piernas que en mis ojos de observador crítico.
Además, me gustaría saber dónde están las madres que deberían aconsejarlas y decirles "mira nena, tú ponte los tenis de toda la vida y olvídate de tacones, que te vas a acabar matando". Si la tierna mujercita tiene suerte y no se acaba descalabrando yo me ofrezco voluntario para ajusticiarla como se merece, pero claro, quizás esas madres abnegadas son de las que van en chándal con tacones y todoterreno a comprar al Lidl, con lo cual los consejos que buenamente puedan darles a sus hijas caerán en saco roto.
Para colcuír, diré que habiendo brindado por el 2008 deseo que el 2009 sea un poco más elegante, porque si es difícil cambiar las cosas en su esencia, al menos podemos esforzarnos por mantener mínimamente las formas.
Las buenas formas.